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Las secuelas físicas derivadas del cáncer de mama

22-10-2021

Conocer las posibles secuelas del cáncer de mama es esencial para tratarlas y mejorar la calidad de vida de las pacientes

Realizar actividad física suave y deportes como yoga, taichí, pilates, natación o aquagym, mejora el estado de ánimo de las pacientes y supone un refuerzo para su estructura ósea y para el dolor y aumenta la masa muscular perdida.

Si bien consiguen curarse y superar el mal trago del cáncer de mama, son muchas las mujeres que sufren secuelas físicas derivadas de la quimioterapia, la radioterapia, los tratamientos hormonales que deben seguir durante años la propia cirugía. Secuelas que, desgraciadamente, pueden afectar a su calidad de vida. Desde las alteraciones en el gusto, las náuseas y los vómitos, la caída del cabello o la fatiga y el agotamiento físico extremo, que surgen a corto plazo, hasta otros problemas de salud o molestias que persisten tiempo después de acabar el tratamiento.

Linfedema y otras secuelas a largo plazo

Una de ellas es el linfedema o edema linfático, es decir, la hinchazón del brazo de la mama afectada debido a la acumulación de líquido (linfa) en el mismo, tal y como lo de-fine la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). El riesgo a desarrollar linfedema depende, en gran parte, de si durante la cirugía se han diseccionado los ganglios linfáticos de las axilas. E incrementa si, además, se ha administrado radioterapia para completar el tratamiento. Si bien sigue siendo difícil predecir qué pacientes lo sufrirán, en el 80% de los casos de linfedema, este aparece a lo largo de los tres años posteriores a la cirugía o tratamiento, tal y como informan en el portal Després del Cáncer (Despresdelcancer.cat) de la Federació Catalana d'Entitats Contra el Càncer (FECEC). Facilitar el drenaje linfático con ejercicios suaves, vendajes de compresión o masajes, siempre bajo la tutela de un médico o fisioterapeuta experto, puede ayudar a prevenir su aparición. 

Otras secuelas, más o menos frecuentes, son:

  • 'Quimiocerebro'. Deterioro cognitivo y problemas aso- ciados a la memoria, la atención y la concentración.
  • Alteraciones en las articulaciones, huesos y pérdida de masa muscular. Puede derivar en osteopenia, osteoporosis, debido a la falta de calcio, y dolor articular.
  • Menopausia precoz y esterilidad. La quimioterapia suele provocar la pérdida de la función ovárica.
  • Disfunciones sexuales. Provocadas por los cambios emocionales, pero también por la menopausia precoz.
  • Trastornos psicológicos. Depresión, ansiedad, síndrome de Democles -o miedo a las recaídas-, autoestima baja derivada del cambio físico, etc.

 

Ejercicio físico: un aliado

Cada una de estas secuelas, recogidas por entidades como la American Cancer Society, tiene su tratamientoespecífico, que deberá ser prescrito por un especialista: rehabilitación cognitiva para el 'quimiocerebro', suplementos de calcio y vitamina D los huesos, ayuda psicológica profesional para los trastornos emocionales, etc. Aún así, en términos generales, realizar actividad física suave y deportes como yoga, taichí, pilates, natación o aquagym, no solo mejora el estado de ánimo de las pacientes, sino que supone un refuerzo para su estructura ósea y para el dolor y aumenta la masa muscular perdida, entre otros beneficios. Llevar una dieta saludable y mantener un peso equilibrado también será de gran ayuda.

Mamografías siempre

Si bien el riesgo de reaparición de la enfermedad disminuye con el paso del tiempo, las pacientes que han superado un cáncer de mama deben seguir haciéndose revisiones –ver destacado– así como una mamografía anual en la mama contralateral, la sana, dado que el riesgo de desarrollar la misma enfermedad es más elevado que en el resto de las mujeres. Una solución sencilla y que aporta la tranquilidad necesaria si se tiene en cuenta que la mamografía permite detectar el 90% de los tumores precoz-mente, según la AECC.

Revisiones médicas: no te las saltes

Tras los tratamientos, las revisiones son fundamentales para detectar posibles recaídas, segundos tumores o metástasis, pero también para controlar todos estos efectos secundarios. La AECC recomienda realizar revisiones cada tres o cuatro meses durante los tres primeros años, y, posteriormente, ir espaciándolas. Pero será nuestro médico quien establecerá esa periodicidad y determinará de manera personalizada, según cada caso, qué pruebas son necesarias: analítica de sangre, radiografía de tórax, densitometría, exámenes pélvicos, mamografía, etc. son algunas de las que recoge la American Cancer Society. Ante cualquier síntoma, recurre siempre a tu médico.

Fuente: La Vanguardia

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